Acusan al todoterreno
de arañar los caminos, posiblemente ayudemos al aumento del
CO2 como todos los vehículos motorizados, pero nos gustaría
tener una naturaleza para poderla disfrutar, donde en un lugar paradisíaco
pudiéramos acercarnos, aparcar nuestros todoterrenos y seguir
el camino entre la vegetación y los animales.
La naturaleza a la carta es la razón de ser de algunas entidades
ecologistas, donde en muchos casos solo les interesa la protesta silenciada
por subvenciones.
Agradeceríamos que dejaran en paz a las pequeñeces simbólicas
como el 4x4 y se preocuparan de los problemas reales de nuestro entorno
natural, eso si, controlados por alguien competente.
Todo empezó
con el "ecológico" asfaltado del camino que cruzaba
Doñana, donde todos los linces han muerto atropellados uno
tras otro, dada la alta velocidad de los vehículos favorecida
por la bonanza de la carretera.
autora
: Purificación González de la Blanca | 15 Abril 2008
Durante estos
últimos días dos noticias han conmovido a la opinión
pública: La aparición del cadáver del último
lince macho que quedaba vivo en la reserva de la Estación Biológica
de Doñana, tras quedar atrapado y morir de hambre en uno de
los numerosos tinglados con que los investigadores han llenado ese
parque nacional y otros lugares; y la muerte de tres de los cuatro
cachorros de una de las escasas hembras reproductoras que quedaban
dentro de este territorio, después de haber padecido el marcaje
y la manipulación de los mencionados investigadores de la E.B.D.
y del equipo que vive, con fondos LIFE, dedicado a estos menesteres
(con el apoyo inestimable de la Junta de Andalucía).
Nada de esto es
nuevo. Hace unas semanas me contaban que en una finca de Andujar,
situada en la carretera del Santuario de la Virgen de la Cabeza, coto
de caza mayor, por más señas, había numerosos
linces hasta la llegada de estos investigadores, que han instalado
cercados con flases, cada 100 metros, que se disparan al paso de los
linces. Como es de suponer los fogonazos, que para los animales silvestres
están relacionados con la muerte, los han hecho desaparecer
del lugar. Dos de esos linces fueron capturados y recluidos en un
cercado en una finca próxima a este coto. Tras pasar varios
días intentando escapar, aparecieron muertos. Nadie cayó
en la cuenta de que necesitaban comida y agua.
La historia del
lince en este país es un cúmulo de despropósitos
pero
es sobretodo la historia de un lobby económico que se sustenta
del lince, ahora con el botín de 26.000.000 € de fondos
LIFE (2º Programa). Es decir que la Unión Europea destina
cuantiosos fondos a la extinción del lince.
Como representante
de los grupos ecologistas en el Patronato del P.N. de Doñana
denuncie reiteradamente los planes de manejo del lince, consistentes
en llenar el parque de cepos acolchados (que dejaron lesionados y/o
mutilados al 60 % de los linces capturados), y en anestesiar, medir,
extraer sangre, manipular, colocar enormes collares coloreados provistos
de antena (que los inutilizaban para la caza)
y perseguir y
acosar a los tristes linces que ahí existían. Un informe
de los propios investigadores concluía que de los jóvenes
linces sometidos a marcaje había muerto un 75 %. Hay historias
lamentables desde todos los puntos de vista: linces muertos por sobrecarga
de anestesia, por hambre al haber quedado mancos, muertos en las trampas
Y
la de la pobre hembra Nuria y sus tres cachorros, de la que hay abundante
documentación. El biólogo Delibes se permitía
replicar en el Patronato que un lince puede vivir 12 o 13 años
pero que los de Doñana solo vivían 2 ó 3. Acabados
los linces en Doñana, a base de subvenciones (se calcula que
en esas fechas podrían haber percibido unos 1.800.000.000 pts.),
ahora el tinglado se monta con un programa de cría en cautividad,
que consiste en robar más de 60 linces de fincas de la Sierra
de Segura y otros lugares, en los que, gracias a no contar con protección
oficial, aún sobreviven varias familias de linces, y
trasladarlos a centros de reproducción en cautividad (para
lo que han inventado la palabra traslocación).
Muchos de los ejemplares capturados han muerto, alguno quedó
ciego y estos programas de reproducción han resultado ser un
fracaso. Pero es que el tema no se sustenta porque, de salir adelante
algún lince, a costa de la muerte de otros muchos, ¿dónde
lo reintroducen? ¿En Doñana, en donde los mismos investigadores
acabaron con ellos? Y para soltarlo en otro lugar
pues déjenlos
en donde estaban. Pero esta segunda opción no arrancaría
fondos públicos, no dejaría dinero en ningún
bolsillo, que es de lo que se trata.
Soy consciente
de que este es un país de pícaros pero, puestos a devorar
fondos públicos, ¿por qué no cesan a estos incompetentes
y los sustituyen por otros que al menos no maten a los linces? Ello
con independencia de considerar que tendría que actuar la Fiscalía
ante la posibilidad de que se estén cometiendo delitos de malversación
de fondos públicos y contra las especies protegidas.
by: Portaldelmedioambiente