Después
de una ligera renovación el año pasado se presenta el
Toyota RAV4 para este año y que ya fuimos adelantando con una
primera imagen. Las novedades están esencialmente ligadas a
su aspecto físico y a detalles de su equipamiento, pues el
chasis y la mecánica permanecen invariables.
Su fachada es
lo más distinto de su aspecto exterior gracias a la nueva parrilla,
más cromada que nunca, y a la decoración de los bordes
de los faros antiniebla, dos aspectos básicos que con pequeñas
diferencias hacen que el coche parezca más diferente de lo
que en realidad es. En el interior el trabajo de Toyota no se aprecia
tanto puesto que se han centrado en mejorar los ajustes entre piezas
y no en remodelar el diseño de paneles o botoneras. Entras
otras mejoras se incluye un elegante tapizado que entremezcla piel
y Alcantara.
Esta tapicería
así como los asientos delanteros calefactados con regulación
eléctrica, las llantas de aleación de 17 o el
techo solar eléctrico forman parte del equipamiento Executive,
el más alto de la gama. Entre medias se encuentran los acabados
Active, equipado con control de estabilidad y de tracción,
ocho airbags, ordenador de viaje, aire acondicionado y radio CD-MP3,
o el Advance, que suma al anterior el climatizador automático,
el sensor de lluvia y de luz o las llantas de aleación de 17.
Si cogemos el
metro el RAV4 sigue midiendo lo mismo con sus 4.45 metros de longitud
y sus 1.72 metros de altura. Cinco plazas son las que están
disponibles si bien es discutible la comodidad por espacio en la segunda
fila. La capacidad de carga es de solamente 366 litros pero se compensa
con el juego que ofrecen la movilidad de los asientos y los huecos
de suelo del maletero. Todos los RAV4 traen consigo la rueda de repuesto
colocada en el portón trasero y las barras del techo a excepción
de la carrocería que Toyota denomina Cross Sport. Esta versión
que gana en aspecto de ciudadano se puede escoger a partir del acabado
Advance sin coste extra.
Los motores que
lleva el RAV4 no varían en número ni en tecnología.
Hay dos mecánicas, una en gasolina y otra en diésel,
que se benefician del programa Toyota Optimal Drive de contínua
reducción de consumos y emisiones contaminantes. La opción
en gasolina la conforma el 2.0 VVT-i Valvematic con 158 CV de potencia
y un par máximo de 198 Nm entregado a 4.000 rpm mientras que
el diésel es el D-4D clásico con 2.2 litros de desplazamiento.
Ofrece 150 CV de potencia y un factor muy importante para un todoterreno:
340 Nm de par máximo entregado a revoluciones intermedias.
Ambos motores
llevan una transmisión manual de seis marchas de serie pero
pueden optar por dos cajas de cambio automáticas según
el motor, MultiDrive S de siete marchas en el caso del gasolina y
AutoDrive S de seis relaciones en el caso del diésel. Junto
con estas transmisiones automatizadas sólo es posible la elección
de la tracción total y además están ligadas al
acabado más alto de la gama (Executive) si bien el motor diésel
se puede elegir con el la transmisión manual y la tracción
integral.
by: Diariomotor.