Siguiendo a la
entrada triunfal de Fiat al mercado norteamericano después
de casi 30 años de ausencia, se van a activar algunos planes
de Marchionne con respecto a la marca que más dividendos deja
a Chrysler hoy por hoy, la marca Jeep.
Básicamente,
se van a eliminar modelos o serán reemplazados por contrapartes
italianas. Especialmente, los poco agraciados Compass y Liberty, que
caerán bajo las botas de las plataformas del Fiat Panda e incluso
la del Giulietta, que Marchionne tiene en mente. A favor de los actuales
Liberty y Compass, decir que se verán reemplazados por una
suerte de coche-todo terreno. En contra de los modelos citados, decir
que son los dos modelos más flojos que dió Jeep en toda
su historia, aunque si me pusiera en lugar de Marchionne, la verdad
es que tendría mis dudas de llevar el Panda a EEUU.
Por suerte, Marchionne fue lo suficientemente hábil como para
no matar a los Wrangler y Grand Cherokee, algo que no le hubieran
perdonado nunca; uno, por ser representativo de la filosofía
básica de Jeep, la verdadera: un vehículo algo espartano
pero que cumple bien con lo que tiene que hacer: meterse por caminos
en donde otros no pueden. El Grand Cherokee ha pasado a ser un clásico
solamente por cantidad de unidades vendidas y porque servirá
para incrementar la presencia de la marca en Europa.
Todo, por vender
800.000 unidades en todo el mundo para el 2014. Y, de nuevo, aún
no sabemos si estamos ante una cifra conservadora o realmente exagerada.
Al día de hoy, Jeep vende unos 350.000 vehículos anuales.